La importancia de la tradición jurídica en la sociedad europea digitalizada
Eva María Polo Arévalo. Profesora Titular Derecho Romano. Universidad Miguel Hernández
El pasado 9 de marzo, a raíz del ataque de EEUU a Irán, la presidenta de la Comisión Europea realizó unas declaraciones que provocaron una fuerte crítica desde Bruselas: “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial”, afirmaba Úrsula von der Leyen, enterrando así los cimientos sobre los que siempre se ha asentado el continente europeo. Debido a la controversia generada, tan solo dos días más tarde, matizó sus palabras reafirmándose en el respeto a los principios fundacionales de la Unión Europea.
Esta noticia tiene mucha relevancia porque nuestra sociedad actual se mueve a un ritmo vertiginoso –impulsado en gran medida por la transformación tecnológica— y ello puede llevarnos a una desorientación, pudiendo caer en la tentación de relativizar o relegar los valores fundamentales. Los retos que nos plantean las denominadas “tecnologías de la información y de las comunicaciones” y la Inteligencia Artificial tienen que ser afrontados manteniéndonos fieles a nuestra tradición, a nuestra cultura y a los valores que nos hemos dado como ciudadanos europeos. Qué duda cabe que nuestra sociedad progresa de forma inimaginable, pero renunciar a nuestras raíces, valores y principios significa perder nuestra identidad. Las TICs y la IA han representado un avance significativo en muchos ámbitos: en la sanidad, estamos viendo que se realizan diagnósticos más rápidos y precisos y que se está implementado la cirugía asistida por robots, que incide directamente en el aumento de la esperanza y calidad de nuestras vidas; en la educación, el acceso global a la información y a los recursos educativos, así como la facilidad para adaptar y personalizar el aprendizaje ha supuesto un importante avance en la globalización de la educación; en el ámbito laboral y económico, la automatización de tareas ha incidido en la mejora de la productividad y el aumento de la eficiencia del trabajo, aparte de que los pagos electrónicos y la logística en las entregas en el comercio se han visto notablemente favorecidas. En definitiva, la IA y las TICs han supuesto una transformación profunda en nuestra sociedad, mejorando la eficiencia, el acceso a los servicios y, en general, nuestra calidad de vida.
Pero estos avances entrañan también peligros para nuestra privacidad, autonomía, libertad, etc. En el ámbito del Derecho, se está poniendo a prueba las categorías dogmáticas tradicionales y los principios que tradicionalmente han estructurado el pensamiento europeo. Por ello, hoy más que nunca la recuperación de la cultura y tradición jurídica, especialmente del derecho romano, es más relevante que nunca, porque solo desde ella podremos proteger nuestra identidad como sociedad europea en el entorno digitalizado actual.